domingo, 7 de febrero de 2010

Originalidad, diseño y... plagio


La polémica sobre la piratería en la venta de películas y música es bien conocida por todos y ahora más que nunca por las modificaciones recientemente realizadas en la ley a favor de la protección de los derechos de los artistas.

Nadie tiene ninguna duda de que la venta en la calle de copias es ilegal, no hay más que ir al centro y ver como temen a la policía los que se dedican a ello y se esconden como pueden porque es su principal vía de ingresos. Sin embargo, el plagio y la polémica también afecta a nuestro “querido” sector textil… la moda.

¿Quién no ha confundido alguna vez una camiseta del diseñador Custo Barcelona con la firma Desigual? Los que conocen el estilo y los diseños de ambas firman saben que intentar diferenciarlas se convierte en una práctica difusa que se soluciona haciendo grandes esfuerzos. Y es que aunque la calidad de Desigual es inferior a la de los materiales empleados por Custo, en cuanto a características estéticas se refiere, el patchwork y el grafismo tan marcado en todas las prendas, son empleados por las dos firmas.

Es por esto que el diseñador Custo decidió aconsejado por sus abogados tomar medidas legales para que sus clientes no tuvieran dudas y su estilo tan personalizado no pueda tener competidores. Desigual no quiso dejar que el diseñador catalán pusiera en evidencia el trabajo que llevan realizando desde el año 84 y arremetió diciendo que si investigaran la larga trayectoria de Desigual comprobarían que desde el principio han seguido la mima línea en sus productos. Polémica complicada… ¡qué juzgue cada uno!


Con o sin razón podemos llegar a la conclusión de que la moda es un arte tan respetado como la música o el cine y que para poder ser valorado lo mejor es saber diferenciarte de los competidores. Una estrategia de mercado que no todos usan después de analizar lo sucedido pero que los clientes piden a gritos para que el resto del mundo sepa que lo que llevan puesto se trata (por hacer una comparación) de un Ferrari y no de un Opel pintado de rojo.

Laura Navarro

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